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Me quito el sombrero, lo recalco para que no quepa duda, me quito el sombrero. La iniciativa del diario El País de abrir una traducción en castellano del blog del director de la Biblioteca Nacional de Irak es una de las apuestas más interesantes que se han hecho recientemente desde la biblioblogosfera hispana.
El blog de Saad Eskander tiene su localización original en la British Library (Diary of Saad Eskander, Director of the Iraq National Library and Archive) y se mantiene gracias a la colaboración interbibliotecaria entre las dos instituciones. Eskander manda sus textos, cuando la conexión a Internet no le falla, por correo electrónico, mientras que los bibliotecarios británcios los publican en Internet de una forma cruda, sin editar ni cortar nada (Ni siquiera las faltas de ortografía o de coherencia).
Tengo que señalar que, hace menos de un mes, este mismo periódico publicaba en su suplemento de selección de textos de The New York Times un artículo que hacía referencia a la experiencia del bibliotecario y su blog como un medio para transmitir el día a día de la situación de la biblioteca. Pero es que se trata, además, de una muestra de cómo se vive en la sociedad iraquí hoy en día. Posteriormente, el propio diario realizaría un artículo sobre el blog que abriría la sección impresa de Internacional hasta que finalmente hoy han lanzado Diario desde Irak, una bitácora donde se irán traduciendo los textos originales del blog de Eskander.
Podríamos decir que es un weblog más en la biblioblogosfera hispana, pero considero que se convertirá en referente, sin duda, de lo que es periodismo ciudadano y de las difíciles labores bibliotecarias en países que viven un conflicto armado. Hay que leerlo tanto en cualquiera de sus dos versiones.
Parafraseando una vez más a Véase Además, descubro un artículo publicado hoy en el diario El País que refleja la situación cercana al caos y la guerra civil que sufre Irak hoy día. Ya contaba Fernando Báez en su libro Historia universal de la destrucción de libros el saqueo que había sufrido la Biblioteca Nacional de Bagdad, el texto que sigue es sólo una triste continuación de aquello sin visos de mejora.
Bibliotecario: oficio de alto riesgo en Bagdad
Por fin Saad Eskander, director de la Biblioteca y el Archivo Nacionales de Irak, en Bagdad, sacó tiempo para poner al día su ciberdiario tras un par de semanas muy ajetreadas. Cuando escribía la última entrada, tuvo problemas para reparar la conexión a la Red: el Laboratorio de Restauración "fue alcanzado por cinco balas"; y "otro bibliotecario, que trabajaba en la hemeroteca, fue amenazado de muerte. Tiene que abandonar su casa y buscar otra cuanto antes; si no, le asesinarán".
Hace ahora un mes que las entradas de Eskander en el diario aparecen en la ciberpágina de la Biblioteca Británica Diary of Saad Eskander y en ellas se detallan los obstáculos a los que se enfrenta para mantener abierta la biblioteca central de Irak, conservar los archivos y libros supervivientes y, cómo no, para seguir con vida.
"Pensamos que era una buena oportunidad para poner de relieve las condiciones a las que Eskander y su plantilla se enfrentan y el hecho de que arriesgan su vida por ello", explica Catriona Finlayson, portavoz de la Biblioteca Británica.
Ayer tuvo lugar la Asamblea Colegial Constituyente del Colegio de Bibliotecarios y Documentalistas de la Comunidad Valenciana, aprobado por Ley en 2006. Tras años de lucha por parte de las dos asociaciones que propiciaron e incentivaron su creación, la Asociació de Bibliotecaris Valencians (ABV) y la Asociación Valenciana de Especialistas en Información (AVEI), ayer se aprobaron sus estatutos y se eligió la comisión gestora del Colegio, iniciándose un nuevo camino para nuestra profesión en esta comunidad.
No pretendo abordar aquí las bondades de colegiarse, siendo un tema que ya se ha tratado en este blog. Me limitaré a relatar las impresiones que me produjo este encuentro profesional, el verdadero motivo de mi asistencia.
Asistí a esta Asamblea con la curiosidad y el interés que la creación de este Colegio había despertado en mí, pero principalmente por la esperanza de reencontrarme con compañeros de estudio y trabajo. Mi desconcierto fue grande al ver que la representación de los diplomados y licenciados en Biblioteconomía y en Documentación brillaba por su ausencia. Aunque, evidentemente, no conozco a todos los titulados de la Comunidad, apenas fui capaz de reconocer a tres compañeros de promoción y a otras cuatro personas más de otras promociones.
Cierto es que para participar en esta Asamblea Constituyente era preciso pertenecer a alguna de las dos asociaciones antes mencionadas y apuntarse a un censo, para el cual había que justificar nuestra titulación o dos años de experiencia en labores bibliotecarias o documentales. Pero lo que no es menos cierto, es que esto refleja la falta de implicación y concienciación de nuestros titulados por la necesidad de asociarse o colegiarse para luchar por el interés común de la profesión.
Quizá el caso de la Comunidad Valenciana no sea peor que el de otras comunidades. Después de todo, en España sólo existe otro colegio, el Col•legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya (COBDC); a pesar de que comunidades como Madrid o Andalucía tienen una larga tradición de formación universitaria en Biblioteconomía y Documentación. Desconozco si el nivel de asociacionismo allí es significativo, pero lo que sí sé es que pocos de mis compañeros de estudios están asociados.
Uno, dos, tres, catorce!
Lights go down, it’s dark
The jungle is your head
Can’t rule your heart
A feeling is so much stronger than
A thought
Your eyes are wide
And though your soul
It can’t be bought
Your mind can wander
Vertigo de U2
Aún cayendo en lo que se suele decir de los bloguers – sois unos egocéntricos -, hoy quiero dedicar un pequeño texto a uno de los bitacoreros que más admiro y que, a la postre, es documentalista. Para aquellos que frecuentan la Biblioblogosfera (¡Andamos de celebración!) seguramente sabrán que estoy hablando de Javier Leiva que mantiene su biblioblog Catorze y hace algunas cosillas más interesantes. Pero antes que nada un poco de historia.
A Javier lo conocí – Virtualmente, se entiende – siendo ya Catorze, antes tenía un blog denominado El Bibliotecario Desordenado, pero, lo siento, yo llegué tarde. Es probable que si yo no hubiese sido un Documentalista Enredado, sin duda me hubiese gustado ser un Bibliotecario Desordenado, así que si algún día este sitio cierra, ya sabéis cerramos el blog y cambiamos de dominio, no me importaría ser un Documentalista Desordenado en su honor. Desde luego que Javier cambió el nombre con cierto tino, ya que no debe ser una buena política presentarse como Bibliotecario Desordenado cuando uno quiere dedicarse al mundo de la Gestión de la Información, por lo que Catorze parece una buena elección.
Imagino que en las facultades de información y comunicación social se seguirá utilizando el mismo ejemplo, conocido por todos, para ilustrar la diferencia entre lo que es noticiable de lo que no lo es. El ejemplo, para aquel que lo desconozca, señala que si un perro muerde a un hombre, el hecho en sí no es noticia; pero si sucediese lo contrario, es decir, si el hombre fuese el que mordiese al perro sí que sería reseñable en un medio de comunicación.
Siendo un tanto malévolos, y trasladándolo a nuestro mundo de libros, podríamos aducir que si un bibliotecario se emborrachase podría pasar por noticia, considerando la imagen que este colectivo (de personas planas, serias y aburridas) arrastra desde hace tiempo. La razón de esta equivocada consideración puede que nazca de antaño, cuando los bibliotecarios eran personas que, además de catalogar y organizar la colección, debían preservar fervientemente las colecciones que custodiaban, llegando al extremo de condenar con miradas censoras y disgustadas a todo aquel que tratase de maltratar algún libro o sufriese de cierta tendencia a crear escandaleras innecesarias en uno de los templos del saber y, por ello, del silencio. Una profesión muy sosa, en suma.
La necesidad agudiza el ingenio: Convertir una pequeña biblioteca en un lugar dónde cada lector encuentra su libro, cada niño su cuento, cada adolescente su película (¿para qué va a leer un adolescente el libro si existe en película?)… es lo que ha logrado Isabel García en la biblioteca municipal de Villagarcía del Llano (Cuenca).
Este pequeño pueblo, de unos 1000 habitantes, cuenta desde 2003 con una biblioteca de escasos 40 m., donde los lugareños pueden ocupar su tiempo de ocio ojeando la prensa (un periódico nacional, otro deportivo y una revista para jóvenes); leyendo uno de los cerca de 1500 libros de que dispone; escuchando o visionando alguno de los CD o DVD; o, simplemente, comunicándose con todo el mundo a través de Internet.

La opera prima de Alejandro Amenábar, Tesis, es una película que no deja de sorprenderme por la cantidad de matices que ofrece. Por supuesto que la he visionado en distintas ocasiones, obviamente la última para poder escribir este texto, y a pesar de conocer su desenlace final, me sigue intrigando hasta su fin. Hay que decir que el guión es uno de los mejores que se han escrito recientemente, ofreciendo giros continuos en la trama y en la relación entre los personajes que, por otro lado, se encuentran llenos de matices. Además la temática que aborda en esta película también es valiente, mostrándonos el mundo universitario y uno de los aspectos más sórdidos de la sociedad con la realización de las películas denominadas snuff. Y si a esto añadimos que está bien rodada, tenemos una película que se convertirá con el tiempo, si no lo ha hecho ya, en un clásico del cine español.
La acción nos sitúa en el marco real de la Facultad de las Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, facultad que además de periodismo también se estudia la Licenciatura en Documentación. Ángela Márquez desea realizar su tesis sobre la violencia audiovisual y analizar de esta forma cómo nos habituamos a ella. Consciente de que a algunos fondos videográficos de su Facultad le están vetados, solicita a su director de tesis, Figueroa, que le ayude a tener acceso a ellos. El profesor está de acuerdo y decide acudir por ella a la videoteca para consultar algunas cintas. Lo curioso es que el profesor se muestra avergonzado de los fondos a consultar y trata de ocultarlo al videotecario, que más parece un vigilante de seguridad, pero durante su visita encuentra un acceso secreto a una estancia donde se guardan cintas muy especiales.