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Categoría: Internet

Cuando el modo de empleo no es tan importante, el caso de Twitter

La aventura de comprar un mueble barato que uno mismo tiene que ensamblar en su casa no acaba con intentar encajarlo en la parte trasera del coche, sino cuando lo desembalamos y nos damos cuenta de la cantidad de tornillos, vielas y tuercas que lleva incluidas. Una media hora de mucha paciencia podemos llegar a dedicarle al arte de tratar de identificar una a una de esas pequeñas piezas que nos conducirán a ensamblar el conjunto, pero al menos alguien se preocupó de que llegásemos a tener un objetivo ofreciéndonos una hoja con sus instrucciones y gráficos del paso a paso.

El Social Media es una herramienta, una idea, sin embargo nadie sabe cómo acabarán de usarla sus usuarios. Se encaja en el maletero del coche, pero cuando se desembale ya veremos cómo acaba en forma. Twitter es un buen ejemplo de ello. Podría decirse que 140 caracteres son insuficientes, aunque en este momento puede que sean los justos. Ya no hablamos de revoluciones, olas virales, protestas o conversaciones más o menos afortunadas, sino de una herramienta que puede que llegue a desplazar la popularidad de Facebook durante este año.

Personalmente, no entiendo porqué algunas personas protegen sus “tuits”, aunque puedo entender a algunas de ellas (Es mejor que el jefe no lo sepa). Entiendo Twitter como un ambiente abierto, en lo que no importa demasiado lo que se expresa, porque no tiene que ser sincero, ni íntimo, abierto a los ojos de todos porque es precisamente eso lo que interesa. No hay mejor filtro social, enlaces que se comparten, frases trasladadas no necesariamente por su rigor, un ambiente vírico de información, imposible de seguir por cualquier persona, pero que en múltiples ocasiones llega hasta donde yo no podría como individuo que quiere permanecer informado.

Hay quien considera que Twitter acabaría con la sindicación de contenidos (RSS), pero no lo creo. La marca o la cabecera de una publicación todavía es importante y seguir un medio de comunicación a través de este sistema es perfectamente justificable (Sobre todo si dispone de feeds completos) en este mundo telegráfico que estamos creando.

Por otro lado, he visto cómo alguno de sus usuarios lanzaba peticiones de que se intentase mantener el rigor de Twitter, que no se llenase de basura, informativa se entiende. Sin embargo, el valor de esta herramienta es precisamente ése, el salto del rigor a la banalidad y si quieres lo consumes y si no lo obvias. Por supuesto que entiendo que algunas personas no gusten de perder el tiempo – procastrinar lo llaman ahora –, aunque ese ruido es tan sencillo de silenciar como dejar de seguir a algunos de esos usuarios molestos. Puede que los consejos para la utilización de una herramienta que se mueve en un ambiente abierto, no sean de mucha ayuda y que cada uno deba hacer lo que le apetezca, pero haberlos haylos.

Finalmente, existe una clasificación de los siete usuarios de Twitter que se deberían seguir. Personalmente, no siendo ni “activista” ni “académico”, me quedo con el rol de “enlazador” que es lo que realmente me gusta hacer y lo que prefiero que hagan las personas que sigo… Siempre caigo en algún enlace recortado.

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La herida de Google

La herida de Google

Empezó, como suelen suceder las grandes cosas, con pequeños toques de atención. El pasado mes de diciembre, The New York Times publicaba que algunas empresas utilizaban las malas críticas realizadas por internautas como un factor para subir escalones dentro del algoritmo de relevancia de Google. ¿Cómo? Sencillamente porque el algoritmo no penaliza las malas críticas, los comentarios negativos incluidos dentro de los enlaces, por lo que más enlaces, aunque sean malos, son puntos para aparecer en las primeras posiciones del buscador. El escándalo fue mayúsculo, con el autor de esta “manipulación” detenido y con la reacción de la empresa de Mountain View tratando de tranquilizar a los internautas sugiriendo que penalizaría a aquellas empresas que tratasen mal a sus clientes.

Sin embargo, que algo está pasando con Google va más allá de rumor. Los síntomas de que algo está pasando son cada vez más palpables. Desde innumerables foros, se denunciaba que el buscador, su algoritmo, no se encuentra en su mejor momento. De hace un tiempo a esta parte, los internautas aseguran que los resultados que devuelven son de peor calidad, que hay que realizar un esfuerzo extra para encontrar la información que buscamos. Si se preconizó que Google acabaría con el SEO, es bastante probable que el SEO acabe antes con Google, vencido por la gran colmena de mentes tratando de “colar” sus páginas web en lo más alto de la página de resultados. El problema de Google es Google, el gran ecosistema que ha creado entorno a su buscador, su modelo de negocio y, no olvidemos, el de otros que se alimentan del mismo.

Hasta no hace mucho, los internautas creían que Internet es meramente Google, aunque cada vez más el ecosistema se convierte en más cerrado con plataformas como Facebook o más participativo, más rápido, como Twitter, pero propietario al fin y al cabo. Algunos consideran que la marca Google es intocable, intachable y denunciarla, acusarla de malos resultados, una ofensa y abrir una brecha para la competencia (La omnipotente Microsoft) ante la que podríamos sucumbir.

Recientemente, Google denunció que Microsoft (Bing) copiaba sus resultados, utilizando precisamente su algoritmo para demostrar que ante una ecuación de búsqueda que no podía devolver resultados, Bing devolvía los mismos resultados que Google, alimentándose de él. De nuevo, los cimientos de la Web se vieron sacudidos, con cruce de acusaciones incluido. Sin embargo que el gigante se revuelva acusando a otra empresa que comienza a comerle terreno justo donde hasta entonces Google había reinado, es todo un síntoma. Es bien sabido que Bing siempre ha sido superior al algoritmo de Google a la hora de buscar imágenes, aunque parece que todo apunta hacia que Bing le sigue comiendo terreno a Google.

Este estrenado año promete ser apasionante, no sólo por el asentamiento del Social Media, si no por la vuelta a la quinta esencia de la Web, los buscadores. Todo dependerá por las decisiones que adopte Larry Page tras su vuelta a la dirección del gigante y que puede que cambie esta tendencia.

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Cuando el distribuidor condiciona al editor de contenidos en la Red, el caso del iPad y el iPhone

En general, los medios de comunicación impresos – Periódicos, revistas – se distribuyen a los distintos puntos de venta a través de empresas repartidoras que principalmente utilizan furgonetas que desplazan los ejemplares desde los puntos de distribución a los puntos de venta. Imaginémonos que una de estas empresas, por cuestiones de marca, decidiese no distribuir ciertas publicaciones por los contenidos que se editan en ella. Digamos, por ejemplo, publicaciones relacionadas con las armas o la caza. Obviamente, en el mundo físico no habría mayor problema, puesto que la empresa editora podría buscarse otro distribuidor o incluso si fuese grande tener su propia empresa distribuidora.

Debería conducirnos a la reflexión que el mundo físico, ofrezca alternativas, aunque el mundo abierto y tecnológico, las situaciones que se han venido dando parece que conduzcan justo al punto contrario y puede que a una visión más estrecha. El ejemplo más claro lo tenemos con Apple, posiblemente por la visión de Steve Jobs enfocada hacia el mundo educativo, no quiere saber nada del sexo dentro del mundo del iOS (El sistema operativo utilizado tanto para el iPad como para el iPhone). Sin embargo, el éxito del iPad es indudable, creando 14 millones de puntos de lectura en menos de un año. Las empresas editoras de contenidos se han encomendado al éxito del nuevo gadget de Jobs ante un futuro fagocitado por la Web y que les abre alternativas a los muros de pago que fracasan en la misma. The Bild por ejemplo no deja acceder a sus contenidos a través del iPad si es por web para facilitar las ventas de su App. Aunque ya se han producido los primeros roces derivados del modelo de suscripción que quiere imponer Apple dentro de su ecosistema.

Mientras tanto, esta semana parecía que Apple abría un poco la mano con el anuncio de Hugh Hefner pregonando a los cuatro vientos que por fin Playboy iba a disponer de su aplicación sin censura para el iPad. Tras el revuelo ocasionado tras estas declaraciones, desde la propia Playboy tuvieron que rectificar a su jefe. No habrán chicas desnudas para el iPad.

Esta mojigatería no sólo se aplica en publicaciones declaradamente eróticas, sino que los de Cupertino también han tenido que llamar la atención a otras editoras por portadas “poco apropiadas”. Esquire fue una de estas publicaciones que tuvieron que bajar el tono de una de sus primeras páginas por demasiado sensuales.

Puede que esta ola de recato de los gadgets no deba preocuparnos en un principio, sin embargo estas acciones pone a todo el sector cultural bajo las ruedas de los caballos. Es indudable que las tabletas proliferarán durante este año y que su penetración en el mercado aumentará. Amazon y Apple seguirán controlando los contenidos que se editan en sus respectivos ecosistemas de información, mientras que Android se prepara para dar el salto desde el móvil a la tableta. Puede que Google, estandarte de la libertad de expresión en la Web en estos días, sea la verdadera tabla de salvación para otro tipo de contenidos, para un ecosistema más abierto y más libre, donde la censura no venga impuesta por una moral arbitraria.

Nuestra visión de este tipo de censura debe ampliarse, contemplar otros escenarios. ¿Nos imaginamos a Apple censurando a El País o Le Monde por la publicación de los cables de Wikileaks? Puede llegar a suceder. Es posible que nos juguemos en un futuro a qué información podemos acceder y a cual no. Qué nos dejan leer y consumir y que no.

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Quién se responsabiliza de los comentarios en las webs

No es la primera ocasión que desde aquí reflexionamos sobre los comentarios que los usuarios dejan en nuestras publicaciones digitales. Así, nos hemos detenido en reflexionar sobre los comentarios desde el punto de vista del bloguer, como una gestión cuidadosa y rigurosa que enriquezca el debate y, por otro lado, desde la visión de aquel que realiza un comentario que puede ser polémico, que realiza una denuncia grave, no siendo tal vez una publicación de estas característica el mejor foro para lanzar una acusación grave y por tanto teniendo que censurar algún que otro comentario.

El debate sobre los comentarios que se dejan en las webs es bastante apasionante e incluso la Justicia ya ha tenido que pronunciarse sobre si los comentarios dejados en la web de otros son delito o no, si se debe hacer responsable el webmaster de opiniones dejadas por otros o no. El debate es especialmente activo y profundo cuando los comentarios se producen dentro del marco de un medio de comunicación e incluso cuando los comentarios afectan a otro. El diario El País en un ejercicio de transparencia que siempre es de agradecer y gracias a su figura del Defensora del Lector nos ofrece una visión de lo que se cuece dentro de los entresijos de un gran medio de comunicación y los retos a los que se enfrentan los periodistas en su día a día.

En el caso que nos ocupa han sido dos los textos que recogen cómo se gestionan los comentarios de la página web de El País, que al encontrarse externalizado en otra empresa en más de una ocasión ha sido motivo de la publicación de un artículo por parte del Defensor del Lector. Por otro lado, el diario también ha publicado su guía de moderación de comentarios para sus lectores que les pone sobre la pista de cómo deben realizar sus comentarios y evitar de esta forma que no se acaben publicado.

Por otro lado, permitidme que os recomiende la lectura del artículo de Pere Masip, Comentarios de las noticias, la pesadilla de los cibermedios, publicado en Thinkepi donde se trata con profundidad cómo se gestionan los comentarios en distintos medios de comunicación digitales españoles.

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La Web Social se reencarna en software

Si recuerdo mi primera experiencia con Internet, tendría que retrotraerme a los tiempos del Gopher. A la navegación por carpetas en servidores externos, a los pocos elementos gráficos que se podían visualizar en aquellos navegadores que hoy consideraríamos en completamente rudimentarios. Luego llegaría el HTML, los navegadores gráficos y nos iríamos olvidando de los distintos protocolos que en aquel momento poblaban Internet. Aprenderíamos a diseñar nuestras páginas web afortunadamente sin tener que escribir líneas de código HTML, si no con los primeros editores e incluso llegaríamos a usar el FTP incluso con el propio navegador Internet Explorer (!).

Mucho han cambiado las cosas. Después de la burbujapuntocom y considerar que la Web era tierra baldía para hacer negocios, el resurgimiento de la misma vino apalancada por sus propios usuarios. El “usuario es el rey” e incluso los propios medios de comunicación temblarían por el poder del mismo. Los internautas crearían sus contenidos, los expertos desplazarían a los medios como fuentes de referencia e Internet podría derribar gobiernos.

Sin embargo, la Web 2.0, la democratización de la producción y la distribución de la información ha quedado como un mundo idealizado. A los blogs se les ha intentado enterrar muchas veces, mientras que la Wikipedia, los sucesivos escándalos, trataban de desacreditarla como fuente de información de referencia. La participación, la Conversación como se le trató de denominar, evoluciona desde el infinito hasta convertirse en meras líneas de 140 caracteres máximo pero donde la capacidad de influencia sobre otros viene determinada por el volumen de seguidores en Twitter o amigos (o falsos amigos) que puedas tener en Facebook.

Durante este tiempo, la forma de consumir la Web ha evolucionado dramáticamente. La barra de direcciones de los navegadores perdían su sentido cuando sus usuarios consultaban o escribían directamente las direcciones de los sitios web en la caja de búsqueda de Google, la aparición del iPhone convertía a las Apps en el futuro del consumo de contenidos tratando de derribar la Web abierta tal y como hoy en día la conocemos, mientras que lo Social se avanzaba al término 2.0. Y en ello andamos.

RockMelt se lanzaba esta semana en su versión beta como el futuro de la navegación en Internet. El internauta daba un paso más ya no sólo como consumidor de contenidos, si no como difusor de los mismos tanto a través de la red social Facebook y el servicio de microblogging Twitter de forma completamente integrada y bajo la plataforma Chromium de Google. También debería causarnos asombro que el formato RSS todavía sobreviva en esta nueva forma de utilizar la web, otra de las cosas que según los gurús estarían ya finiquitadas de la etapa anterior, y que sin embargo es fundamental para los superusuarios de la web.

Claro que la competencia de este nuevo navegador, como por ejemplo Chrome y Firefox ya disponían de la posibilidad de implementar características sociales a sus navegadores a través de distintos plugins como la barra de Facebook o clientes especiales como Echofon. Pero este nuevo movimiento dentro del mundo de los navegadores, de la manera que todavía hoy accedemos y consumimos la web puede llegar a ser una llamada de atención muy interesante hacia dónde se dirige nuestra experiencia dentro de la misma.

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¿El Social Media ha matado al blog?

No creo que sea menester recordar aquí que no fui un early-adopter de Twitter, ni tampoco de Facebook. No soy de aquellos que ansían que le ofrezcan una invitación o recibir una cuando un servicio se encuentra en fase Beta -Excepto en la honrosa ocasión de Gmail cuando era un coto de unos pocos y lo cierto es que es el único servicio que adopté más rápidamente con los brazos abierto -. En el caso del microblogging, mi excepticismo era total.

Puede que en aquellos principios hubiese podido pronunciar las palabras: «¿140 carácteres? ¿Dónde nos conduce eso?» Por supuesto que se trataba de un error, ya que obviaba que muchos de los posts de aquel entonces, los años 2006-2008, bien se podrían haber solventado con un miserable tweet. De hecho, la propia terminología del blog proviene de aquellas anotaciones cortas fruto de la navegación de los internautas por la Red.

Desde entonces Twitter ha tenido tiempo de crecer exponencialmente, mientras que la red social Facebook la mira de reojo intentando introducir cambios dentro de su interfaz y de su configuración para asemejarse cada día más a ella. Twitter se ha erigido la bandera de una revolución descentralizada y mientras el mundo de la comunicación trata de digerir ese nuevo canal inesperado que redirige tráfico y puntúa el interés de ciertas informaciones. Aunque la pregunta está en el aire: ¿El Social Media ha matado al blog?

Twitter es una forma muy efectiva de entrar en una comunidad ya establecida. 140 caracteres no ocupan excesivo tiempo, a pesar de que el seguimiento de las conversaciones cruzadas puede llegar a ser agotador, y puede ser actualizado desde cualquier momento. En el mundo Twitter, sólo tienes que encontrar a alguien al que seguir que comparta ciertos intereses contigo, comprobar sus listas y comenzar a seguir a personas. En el caso de los blogs, era mucho más costoso. La redacción de textos de 350 palabras de media supone un esfuerzo importante de tiempo y no siempre se puede estar seguro de que el retorno sea suficiente para justificarlo (Aunque sea mentalmente). 140 caracteres y listo, conversaciones, recomendaciones… Todo un mundo se abre en Twitter y seguir a personajes ficticios o reales, ser accesible a ellos, se encuentra extendiendo sólo una mano.

Pero ¿y los blogs? Antaño eran considerados como un portfolio para los profesionales (y todavía lo son), una manera de demostrar la valía de cada uno, sus conocimientos, sin embargo que la tendencia actualmente se centra en la capacidad de cada uno de conseguir seguidores dentro de su cuenta Twitter. Pero no debemos equivocarnos, los blogs, evolucionados hacia medios de comunicación de bajo costo y enfocados hacia las microaudiencias, no dejan de crecer apareciendo nuevos, mejores junto con nuevas ideas y enfoques. Ya no como proyectos aislados, esfuerzos personales; sino con un sino y una razón de ser que se centralizada en al menos una decena de personas dispuestas a actualizarlos.

Mientras tanto la generación de contenidos desde las plataformas sociales (Blogs, Wikis, etc.) ha disminuido lo que ha conducido a considerar que las ideas y el debate generado anteriormente dentro de este medio se está debilitando. Pero ¿se ha trasladado a Twitter? Recientemente, se publicó un estudio que analizaba 1200 millones de tweets (publicaciones en Twitter) producidos en dos meses. Los resultados eran un tanto decepcionantes puesto que el 71% no provocaban ninguna reacción, mientras que sólo el 6% era retuiteado (Redistribuido por otros usuarios) y el 23% restante obtenía una contestación. Unos resultados un tanto escasos, que en cualquier caso, dentro de nuestra experiencia, Twitter constituye una nueva forma y bastante poderosa de obtener tráfico, es decir obtener visitantes nuevos, por lo que ante esta falta de reacción deberían incluirse otras métricas como los clics producidos ante la distribución de un enlace o los hashtags utilizados.

El debate se sigue produciendo aunque se descentraliza y se esparce por toda la Web, de hecho el consumo de la Red ha aumentado un 62% desde principios de año. Twitter y Facebook permiten que estos contenidos lleguen a un mayor número de personas, con la audiencia más segmentada y por lo tanto más proclive de acceder a consumir cierto contenido. Las plataformas abiertas conducen a un aumento de la viralidad de los mensajes lanzados en ella, que permiten a las multitudes autoorganizarse de una forma mucho más efectiva y productiva ante un objetivo común.

¿El Social Media ha matado al blog? No, simplemente, la Conversación se ha transformado.

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¡Que no cunda el pánico! El servidor está caído

Toda persona que gestiona un sitio web se ha enfrentado a la situación, que invariablemente de la empresa con la que tiene contratado el servicio de alojamiento más tarde o temprano se da, de introducir la dirección URL de su dominio, darle al “Intro” y que no pase nada. Bueno, sí, que el navegador de un error tipo “El sitio web es inalcanzable”. Es entonces cuando dependiendo de si el sitio web se encuentra alojado en un servidor compartido o dedicado, al administrador de la web le entra la preocupación o simplemente piensa para sí mismo “Ya pasará”.

En el primer caso, si es compartido, en general, se trata de webs con bajo tráfico y es bastante frecuente que se dé la situación de encontrarse el servidor caído. Si el servidor es dedicado, es bastante probable que la página web soporte bastante tráfico y se desee que la web se encuentre disponible las 24 horas del día. En realidad, miento, esto es cierto a medias. Todos los administradores se ponen nerviosos, aunque algunos lo llevan mejor que otros, mientras un frío pensamiento atraviesa sus mentes: ¿Qué estará pasando en aquellos ordenadores remotos que no sirven las páginas web?

En ocasiones, ese “corte” en el servicio se trata de que un servidor ha dejado de funcionar por la razón que sea. En otras, es  nuestro proveedor de acceso el que decide suspender nuestra cuenta debido a que hemos sobrepasado la cantidad de datos que habíamos contratado. Este último caso es el más descorazonador de todos porque demasiado frecuentemente la suspensión de cuentas suceden sin previo aviso. Así, la suspensión te deja un tanto desamparado e intentando entender qué sucede, hasta que abres tu cuenta de correo electrónico y allí tienes el mensaje explicativo, aunque no te den otra opción a pagar más y contratar una tarifa superior.

Es entonces cuando el administrador debe tomar una decisión, mientras recibe algún correo de los visitantes habituales de su sitio web preguntándole o avisándole de que aquello no funciona. El administrador no dispone de muchas alternativa, salvo buscar otra opción más económica en otro proveedor (con el esfuerzo de migración que esto supone), pagar una tarifa superior mediante sus recursos propios económicos al alojamiento que lo ha suspendido o confiar que los fieles le ayuden a salir del atolladero y poder afrontar el pago (No sería la primera vez que sucede).

Sin embargo, no hay nada peor para la reputación de un sitio web que un visitante se encuentre constantemente con el servidor inactivo y la información que necesita sin poder ser recuperable. Si hablamos de un sitio web de referencia la coyuntura se torna en dramática, y si ya damos el siguiente paso y nos referimos a una web profesional que se financia a través de su publicidad contextual, afiliaciones y patrocinios, ya es insostenible.

Lo peor de todo es que esta realidad es obviada y, en más de una ocasión, en sitios webs donde jamás debería suceder. De hecho, en diversas ocasiones, he intentado acceder a un sitio web de un medio de comunicación que ante los picos de tráfico que suceden entre las 8 y las 10 a.m. se encuentra colapsada y sin poder gestionar tal cantidad de tráfico… Y esto sucede durante los últimos meses. Pero esto no es lo peor que me he encontrado, en ocasiones, visitándola a las 9:15 a.m. continuaba sirviendo los contenidos del día anterior, cuando la franja de mayor actividad de los medios es precisamente a esa hora. En ese sitio web, obviamente, parece no cundir el pánico.

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